Prólogo libro-catálogo exposición Milo Lockett, Centro Cultural Recoleta / 2009

MILO LOCKETT

Arte Encuentro

En épocas de tiempos violentos y temerosa oscuridad, la obra de Milo Lockett es la coartada perfecta para proyectar un plan de fuga. El arte como una salida posible en ese viaje solitario de la imaginación, de viajar sin salir de la casa, de encontrar que el arte es la morada más suave y placentera en la que yacer observando en silencio el transcurrir.

En la era del progreso ilimitado y la tecnología de avanzada, Milo propone volver. A la tierra, a la palabra, a esa frase cómplice que desde la lectura de sus cuadros cartas nos cuentan historias privadas que compartimos por ser tan comunes a todos. Comunes y comunitarias. Así son las obras de Milo Lockett. Particulares. Diferentes hoy porque lo simple no abunda, porque difícil pareciera que a veces es la manera en la que la cultura pone distancia desde el poder de la teoría que complica con palabras para decir nada. Simple y transparente. Lo que se ve en la obra de Lockett es lo que es. Colores, signos, grafismos y textos. Rindiendo culto al estilo directo del arte callejero y al graffiti de Basquiat, pero celebrando la vida más allá del escepticismo de Samo, porque el same all shit del artista norteamericano, de la jóven víctima del sistema capitalista voraz, fue superado en Lockett cuando decidió dejar de lado el enojo y recuperar la esperanza. La estrategia fue el trabajo comunitario. Ese fue su plan de fuga, su “baño de realidad” como le gusta decir al artista, el pie a tierra entre tanto mercado de arte, modas, ferias y bienales internacionales. Su actividad con aborígenes wichi y pilagá en las provincias del Chaco y Formosa le dio la fuerza para seguir un camino solitario, el de pensar que como siempre, simple y fácil podía ser, tal vez, un estilo pictórico. Y ese estilo es tan único que la manera de contar su mundo se convirtió en el “estilo Milo”, su lugar, su Patria recobrada en el territorio de un cuadro.
Cuando la tristeza viene, hay que hacer y no hablar. Milo pinta, hace, comparte y da. En Estampando geografía , una serie de talleres que se realizan en pequeñas ciudades del Norte que buscan que los chicos puedan valorar sus obras y el entorno. En La Gira Interminable , que consiste en la confección de murales en jardines de infantes hechos por chicos con síndrome de Down. Y va por más y quiere construir una Casa Garrahan en Resistencia, Chaco.
Resuelve la imagen en una síntesis gráfica, como en los trabajos de niños, y en todo el repertorio del primitivismo de la historia del arte, del art brut, Dubuffet, Fautrier y Miró. Y más cerca su referente es la Nueva Figuración y el bestiario de Jorge De la Vega. Colores planos y comunicación directa. Alejarse de la certeza que opaca y atravesar la incertidumbre del error. Milo aprovecha esos momentos en que a pincelada se correo o la pintura se esparce chorreando un color de manera azarosa. Ese encuentro con lo fortuito le permite un acceso más directo con algo casi inconsciente, que sale y se expresa sin la intermediación de la razón.

Con absoluta libertad el artista se muestra y se expone, en obras expresionistas y coloridas con una carga de euforia celebratoria. Cuadros como cuentos donde había una vez un señor “Solito” y “Soltero” al que alguien le dice “Animate”. Y en otro cuadro cuento leemos “Dormí bien el sueño cura” y un hombre y una mujer se encuentran entonces “Estoy loco por ti. Quereme. Encontrame”.

Y el cuento de Milo siempre tiene un final feliz porque siempre hay alguien del otro lado que puede ver, leer y sonreir entendiendo así, de manera fácil y simple el arte de hoy. Un arte encuentro. Milo encuentra a un espectador que encuentra a Lockett en una obra. Y Lockett se parece a Milo que se parece a Lockett como el Gusanito de Jorge De la Vega. Porque el artista pintando se entendió, al igual que el gusanito cuando va paseando y en el pastito va dibujando un dibujito que es igualito al gusanito. Ha comprendido que el mundo tiene sentido si se mira decidido todo junto y de una vez, y si la vida no se lleva repartida: un pedazo del derecho y un pedazo del revés.

 

Laura Batkis