Revista MDQ MAG / 09.07.2007

Milo Lockett / “Trabajo por la esperanza”

Milo Lockett posee un enorme talento y una gran capacidad de trabajo. En los últimos tiempos, sus obras han estado expuestas en las más importantes muestras del país y han visitado también renombradas galerías del mundo. Han cosechado elogios y alabanzas. Pero su labor tiene también un importante valor agregado. Desde que eligió ser artista, trabaja para hacer del hecho artístico, en su caso una pintura, algo accesible a todos. A todos.

“Creo que hay un problema de comunicación entre los artistas y la gente. Me parece que el arte siempre fue una cosa sublime, inmaculada y que esas estructuras tienen que ir rompiéndose. Que tenemos que acercarnos más al espectador y dejar que se termine la obra. Yo no le pongo títulos a mis obras, porque trato de que se completen junto a la mirada del público. Que para mí es fundamental”.

¿Ves que el arte está rodeado por un aura elitista?

El arte siempre fue elitista. Pero pienso que no tiene que ser así. En los últimos años, trabajando en las periferias y en los bordes de lo que son las grandes ciudades, aprendí que el arte es lo que nivela e incluye socialmente, al común denominador. Cuando digo esto llevo la experiencia de dos chicos, de distintas clases sociales, donde ante la posibilidad de pintar, desaparecen las diferencias. Sería magnífico que esas diferencias desaparezcan también, entre los artistas y los espectadores.

¿Cómo pensás que debe abordarse un cuadro?

Yo creo que el arte, en cualquiera de sus expresiones, te gusta o no te gusta. No creo que haya que explicar, ni intelectualizar tanto. El arte es lo que se puede ver, y me parece que una obra te gusta o no. Y esto no quiere decir que sea mala o buena. No creo ni en la buena ni en la mala pintura.

¿Qué temas te mueven, día a día, hacia la pintura?

A pesar de que muchas veces mi obra se asocia con la felicidad, yo creo que trabajo enojado: con el sistema, con el arte, con las personas, con las relaciones humanas, con la incomunicación. Enojado también con lo que a diario me enoja y me aleja de los demás. Siempre creo estar pensando diferente al resto del mundo y que no puedo hacerme entender ante la mirada de los demás.

¿Pensás que la plástica debe conformarse con ser un recreo para la vista y el alma (cosa que no es poca) o debe contener un trasfondo, debe decir algo?

Las dos cosas son válidas. No me parece mal que uno pinte y se divierta y haga divertir. Producir felicidad es más difícil que provocar la infelicidad. Pero también creo que tiene mucho valor el arte social, el arte político. El arte dentro de otro contexto, que tenga también otro sabor...

¿Qué tratás de comunicar con tus trabajos, qué es lo que perseguís?

Siento que gira todo el tiempo en torno a las relaciones humanas. Pero no siempre quiero comunicar, también lo uso como una forma de sacar todo lo bueno, y también todo lo malo, que tengo dentro.

Dedicás muchas horas a trabajar por la sociedad...

Hablando desde mi caso, yo trato de devolverle a la sociedad donde vivo y en la que yo me formé como artista, todo lo que puedo. A través de donaciones de obras, a través de trabajos que los relaciono con lo social y el arte. No creo que haya una obligación, yo lo hago desde mi lugar.

Me parece que los que tenemos más, tenemos que ayudar a los que tienen menos. Así de sencillo.

Valoro mucho lo que estás haciendo con la comunidades originarias de Chaco y Formosa, ¿cuál es tu objetivo y el de los artistas que te acompañan en este proyecto?

Los proyectos siempre se empiezan en un escritorio o desde la mesa de un café. Y cuando uno llega al campo todo cambia. Eso me enseñó a no ser pretencioso y tratar de hacer lo más que pueda. Me gustaría hacer mucho más, porque no sólo en las comunidades, sino en los barrios marginales del interior del país, hay muchas necesidades. Pero es muy difícil sostener un proyecto sin tener el apoyo económico del sistema y también tratar de colaborar en lugares donde no se recibe lo que ofrecés. En este país tenemos la costumbre de empezar de arriba para abajo. Y me parece que no es así. Que no hay que pensar el mega proyecto y empezar con lo que se pueda. La Argentina tiene un problema cultural educativo muy fuerte y que su solución va a deparar el remedio a otros problemas que hoy se priorizan, como el económico.

¿Cómo ves que la gente ve a los artistas?

Siempre se piensa en el artista como el vocero de lo que va a pasar. Y me parece que no es así. Que hay que relajarse un poco. Los artistas son seres humanos, personas comunes. Trabajar en el arte es un trabajo, yo lo tomo como tal. Y me parece que hay que hacerlo más cotidiano, más ameno. Y no de tanta confrontación, de no exigirles que siempre digan (o pinten) cosas inteligentes.

Veo que las provincias del norte están habitadas por enormes injusticias, que muchas veces sus habitantes aceptan con resignación y que en muchos casos, tampoco tienen muchas opciones).

Me parece que las provincias del norte estamos como abandonadas, en un primer lugar desde el punto de vista geográfico. Tenemos los índices de mortalidad infantil y de analfabetismo más altos, deudas que han fabricado nuestros gobernantes. Tenemos todos los problemas agravados. Somos provincias pobres, pero debemos corrernos de ese lugar, trabajar para no convertirnos en pobrecitos. Creo que hay que empezar a mirar desde otro lugar. Y construir provincias nuevas: dejar que con el tiempo desaparezcan todas esas estructuras viejas, que nos han hecho tanto daño, y trabajar para salir de este lugar de estancamiento en el que estamos.

Martín Caparrós en su libro El Interior plantea lo difícil de que alguien que vive en Buenos Aires, se sienta también chaqueño. Por lo distantes que estamos siendo habitantes del mismo territorio.

Es que es muy difícil porque cada provincia tiene una realidad, una historia. Pero que debe ser usada no para dividir sino para construir un futuro basado en un presente más sólido, más claro, más honesto, más bueno. Y cuando digo esto último lo hago porque pienso que uno de nuestros males como país, fue el haber sido gobernados por malas personas. No digo malos políticos, sino personas. Hay que entender que la política no tiene que ser el “cuco”. Tiene que ser el medio para que hombres y mujeres de bien, construyan una mirada diferente sobre un país diferente.

¿Sos una persona esperanzada?

Si, creo en el futuro. Trabajo a diario en mi cabeza para tener un vejez digna. Tal vez por todo lo que vi y por lo que recorrí, es que le tengo mucho miedo a la vejez. Pero no hay que perder la esperanza y creo que por ella, pinto todos los días.

¿A qué estás abocado actualmente?

Estamos cerrando, junto a Dante Arias y otra gente, un proyecto que tiene que ver con chicos de los márgenes del llamado Gran Resistencia, en Chaco. Un intercambio de murales entre diez escuelas, que se va a constituir también en el primer patrimonio de arte de niños de la provincia. Y también en una intervención urbana que haremos antes de las vacaciones. Un abrazo, una tela que van a pintar 4000 chicos sobre los objetivos del milenio de la UNESCO. Que me parecen llenos de valores interesantes para que los chicos incorporen. Que sepan que está bien tener, pero que hay muchos que no tienen. Y que está bueno que de chicos, empecemos a pensar en el otro.

 

Palabra de artista.