La Nación (Edición impresa) / 8.12.2007 / Por Julio Sánchez

El éxito, con ojos de niño

El chaqueño Milo Lockett sacudió el mercado argentino con su pintura simple, alejada de las convenciones académicas

¿Quién es el nuevo fenómeno de mercado del arte argentino? Milo Lockett. Chaqueño de apellido irlandés a punto de cumplir 40 años, en la edición 2007 de arteBA vendió más de 100 obras. En estos días, en el nuevo local de la galería Teresa Anchorena, muestra una serie de papeles y maderas recortadas con un repertorio de rostros, figuras humanas, perros, elefantes de dos cabezas y osos hormigueros.
La trayectoria del chaqueño ha sido meteórica. Después de haber fundido su empresa de ropa con la crisis de 2001 se dedicó de lleno a la pintura, una pasión que lo acompañó desde la niñez. No tuvo más aprendizaje que su propia práctica. Esta noble simplicidad, esta espontaneidad sin diques, ha hecho que su imagen se compare con el art brut , es decir aquel no contaminado por las convenciones académicas del arte, tal como lo practican los niños, los campesinos y los alienados.

"Cuando era niño dibujaba árboles con zapatillas y los maestros decían que era un chico conflictuado; era hiperactivo y practicaba todos los deportes, hasta que en mi adolescencia llegué a ser abanderado del deporte y abanderado de la paz", apuntó el chaqueño mientras le mostraba su última producción a una atenta señora, que ahí mismo le compró ocho obras.

No es casual que Lockett trabaje intensamente con niños de su provincia, Formosa y Corrientes; junto con otros artistas, Dante Arias, Mauricio Ferrer Toñanes y Gustavo Galarza, recorre pequeños pueblos y enseña xilografía.

"No enseñamos a dibujar, respetamos el lenguaje personal que tiene cada niño; tratamos de dejar intacta una forma de expresión que en algún momento se contamina con la televisión y los juguetes", explica el artista, que piensa continuar con este proyecto llamado Estampando Geografías y que ha contado con el apoyo de la Secretaría de Cultura de la Nación. "Vengo de una provincia pobre y me hincha vender pobreza", dice con algo de disgusto. Reconoce la pavorosa desnutrición que padecen algunos grupos tobas y se molesta con la manipulación de la situación con fines políticos.

Milo tiene un enorme taller en la ciudad de Resistencia; trabajar allí es una actitud de combate y también de "resistencia" al poder devorador de un centro magnético como Buenos Aires. "Me interesa la producción desde allá, quedarme y descentralizar, me va bien en la Capital, pero empecé siendo artista en el Chaco", apunta; es crítico con el medio artístico de su provincia, que considera mezquino e inseguro, pues los artistas están pendientes de lo que pasa en Buenos Aires. Milo se afirma una y otra vez como chaqueño y va a seguir trabajando desde su provincia, aunque su agenda 2008 promete muestras en el consulado argentino en Nueva York y en una galería de Los Ángeles.

Parte de esta proyección se debe a su marchand, Teresa Anchorena, quien conoció al artista en la Plaza 25 de Mayo de Resistencia, donde se solía hacer la Bienal de Escultura en madera, el acontecimiento más movilizador de las provincias del Nordeste. En ese momento, Lockett trabajaba en un encuentro de jardines de infantes; enseñaba técnicas y aprendía a conservar la frescura de su propia niñez, la misma que sigue nutriendo su pintura. Anchorena lo llevó a su galería y a las ferias de arte porteñas, donde Milo ha vendido obras pintadas sobre papel o madera con esmalte sintético a precios accesibles, entre 1000 y 2000 dólares.

¿Cuál es el motivo de este éxito? Según el propio artista, sus obras "son accesibles, no tanto desde el dinero, sino desde el lenguaje; mi imagen no es pretenciosa". Se ríe cuando se lo compara con Jean-Michel Basquiat, aquel otro fenómeno de mercado de los 80, apadrinado por Andy Warhol y famoso por la frescura de sus graffiti , el trazo espontáneo y los personajes que parecían salir de un cuaderno infantil. "Me acuesto pensando que soy el mejor y, a diferencia de Basquiat, dejé de drogarme mucho antes."